Hace unos días leí esto:
"Por eso es tan importante dejar que ciertas cosas se vayan. Soltar. Desprenderse. La gente tiene que entender que nadie está jugando con cartas marcadas, a veces ganamoos y a veces perdemos. No esperes que te devuelvan algo, no esperes que reconozcan tu esfuerzo, que descubran tu genio, que entiendan tu amor. Cerrando ciclos. No por orgullo, por incapacidad o por soberbia, sino porque simplemente aquello ya no encaja en tu vida. Cierra la puerta, cambia el disco, limpia la casa, sacude el polvo. Deja de ser quien eras y transfórmate en quien eres"
Yo que siempre desprecié los libros de Coelho por tanto tiempo, vine a toparme con uno de ellos, en el que he encontrado cosas útiles, verdades olvidadas y lecciones oportunas para los acontecimientos de los últimos meses. Como me dijo alguien hace poco "las cosas vienen de donde menos las esperas"... bueno algo así.
Dejar que las cosas -o las personas- se vayan o soltarlas. Para mí soltar es algo diferente a dejar ir, porque muchas veces a pesa de que ya no estén no queremos soltarlas. Soltar no resulta fácil muchas veces, otras sí. Sin embargo, quiero referirme al primer caso, cuando no es fácil dejarlas ir o soltarlas. Y por qué determinamos que hay algo para soltar. Yo pienso que por conveniencia o porque no hay más remedio, porque se sale de nuestras manos.
Para hacer más simple esto, empezaré por la "conveniencia", entendida como el caso en que esa amiga, considerada el polo a tierra, dice "quizás esa persona no le conviene" o cuando sencillamente las actitudes de el personaje hacen que uno mismo llegue a esa reflexión. Entonces, uno -ya con la madurez de los años- se permite pensar el sentimiento, buscar la relación causa-efecto, evaluar las actitudes, las palabras y relacionar ambas cosas, es decir, ver la coherencia entre las palabras y los hechos. Y si llega el episodio, el que revela finalmente si el pensamiento es real, el que confirma la duda... la señales esperadas para tomar decisiones. En ese caso, por qué resulta difícil soltar, si se es consciente que es lo más adecuado. Qué es lo duro de la situación.
Será cuestión de la frustración, al sentir que se quería algo y no fue como imaginamos, así se haya puesto en juego todo el empeño y hasta el corazón. Será el ego, que no perdona los desplantes, las verdades en la cara, los sarcasmos, las acciones en contra. Será el eterno dilema de escoger entre lo que quiero y lo que me conviene... el miedo a correr el riesgo de equivocarse o el miedo a tener la razón.
Hace más de un mes estaba en ese dilema: tenía claro que la probabilidad de estrellarme si continuaba era alta, pero si no lo hacía ¿de qué me podría estar perdiendo? quizás no de mucho (o depronto si). Escoger... cuando ambas anternativas atraen por la razón que sea, es tan difícil escoger... es tan difícil soltar, o como dicen los economistas: dejar hacer, dejar pasar.
Sin embargo, siempre la balanza se inclina a un costado. Siempre se tiene los hechos que confirrman: actitudes, diálogos, otra vez las mismas actitudes y los mismos diálogos sin sentido... para qué insistir si siempre termina igual... no funciona. Sería insensato que, aún teniendo todas las herramientas, uno se fuera a una a puesta perdida de antemano.
Y en el otro caso, cuando todas las piezas parecen encajar, cuando todo es tan claro que parece resuelto y de repente algo cambia, la vida da un giro y las piezas se extravían. Cuando lo que se anhela llega, se presenta, se acomoda en nuestras vidas y comienza a hacer parte de todos los espacios y entonces surgen situaciones que modifican todo: partidas, adioses, hechos inesperados que confunden, la persecución de sueños en donde no encajas ya.
Ahí es cuando uno se pregunta por qué. Y escudriña en cada instante para saber qué pasó, cuándo todo dio la vuelta... se pasa el tiempo y la respuesta que llene por completo no es fácil de encontrar... duele soltar porque era todo. Duele decir adiós porque había ilusiones, planes... celebraciones o paredes pintadas de algún color. Duele el alma, el corazón, duele el cuerpo, el amor, porque parecía funcionar el amor.
Pero como dice el párrafo, cerrar ciclos no es "por orgullo, por incapacidad o por soberbia, sino porque simplemente aquello ya no encaja en tu vida". Y es que, como dice Cortázar "En realidad vamos todos por el mismo camino, sólo que unos empezamos por la izquierda y otros por la derecha". A eso yo añadiría que a veces se cambia de costado y es como volver a empezar... entonces es cuando se deja de encajar y hay que dejar ir (aunque a veces no se suelta del todo).
Dejar ir o soltar puede que no sea sencillo, pero es necesario. Cuando uno quiere abrir la puerta a algo nuevo, debe sanar heridas y dejar todo atrás... eso tampoco es simple, sólo que uno decide como viajar en los puestos del tren, mirando hacia delante, con todas las cosas nuevas que trae el camino, o hacia atras, observando todo lo que ya pasó y no se puede cambiar.
Por eso así cueste -a veces más a veces casi nada-, hay que dejar ir o soltar. Como dice arriba, hay que cambiar el disco, limpiar la casa, sacudir el polvo y así poder ofrecer lo que somos ahora... el corazón completo sin particiones ocultas.